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5 mitos sobre los ascensores de los que todo el mundo habla

Los ascensores, desde su nacimiento, han sido una fuente de comodidad para las personas, facilitando la subida a pisos altos y evitando largas caminatas por los escalones del edificio. Sin embargo, una pequeña parte de la población tiene ciertos miedos a la hora de montarse en un elevador, siendo la gente claustrofóbica la que más sufre cuando tiene que hacer uso de uno de estos aparatos.

A raíz de estos miedos inevitables, han surgido numerosos mitos alrededor del mundo de los ascensores, circulando por la red todo tipo de leyendas urbanas acerca de su funcionamiento y seguridad, con poca base científica. ¿Quieres descubrir alguna de estas habladurías?

Leyendas y verdades acerca de los ascensores

Aquí te dejamos 5 mitos acerca de los ascensores:

  1. La posibilidad de caída libre: Todos los expertos afirman que es algo altamente improbable. Hace tiempo, los ascensores estaban compuestos por un sistema de poleas básico, pero en la actualidad la mayoría de ellos cuentan con soportes de acero y un sistema de bloqueo que hace que el elevador se frene. Además, hay que tener en cuenta que hay inspecciones y deben estar certificados por ley.
  2. Un elevado peso hace que el ascensor se derrumbe: Por el mismo motivo que en el anterior mito, esta creencia es totalmente falsa, ya que el aparato se frena automáticamente cuando hay un gran exceso de peso.
  3. Los espejos de los ascensores se colocan por cuestiones estéticas. Aunque es cierto que hay algo de verdad en ello, realmente están colocados para generar una sensación de amplitud que ayuda a los claustrofóbicos.
  4. Puedo pillarme una extremidad con el ascensor: Hoy en día todos los ascensores están regulados para tener sensores que evitan pillar cualquier parte del cuerpo.
  5. El ascensor es un invento del siglo XIX: A pesar de que los elevadores tal y como los conocemos ahora no existieron hasta tiempo después, el primer ascensor para personas fue construido para Luis XV en Versalles a mediados del Siglo XVIII, aunque es cierto que el primer ascensor mecánico data de 1829.
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